
Tras la exitosa Xbox 360, Microsoft lanzaría su sucesora en 2013. Más de una década después de su irrupción, Xbox se concebía ya como una de las referentes en cuanto a fabricación de consolas en el siglo XXI. One llegaba en una generación en la que destacaba el componente de conectividad multimedia de las plataformas. Sin embargo, la recepción de esta nueva consola no sería la mejor, siendo uno de los principales motivos sus requisitos de conexión a internet para poder jugar.
Además, tuvo que competir con dos consolas tan populares como Nintendo Switch o PlayStation 4, de Sony. Ésta última sería su principal competidora, tanto hasta ese momento como en los años siguientes, por tratarse de las dos fabricantes más importantes de consolas de sobremesa. Pese a sacar versiones mejoradas como Xbox One X, One no vendería tanto como su predecesora y la compañía norteamericana seguía sin alcanzar la popularidad de Nintendo o de la propia Sony.


